Despierta y huele el café - Nota del autor

Gracias por la espera y les presento mi libro que estaré publicando constantemente como borrador espero que les guste así que empiezo con una nota de autor y un prólogo más adelante





Nota del autor



Algunas personas creen que la vida pasa frente a sus ojos antes de morir y lo que yo creo es que es el privilegio que a los nostálgicos se nos ha otorgado. No puedo evitar extrañar a los que están conmigo y no les veo así como a los que se me han ido adelante. Nada como recordar la preparatoria con su pubertad llena de sorpresas adolecentes, la secundaria con ese toque perverso de lecciones que recordaremos por toda la vida, como el primer beso marco ese sabor a nunca querer tocar el último, el olor a tierra mojada antes de la lluvia, el perfume tan propio de un abrazo reconfortante… todo se comprime a una pequeña risita y un suspiro de recuerdos atrapados bajo la farola de nuestro parque favorito al anochecer, por las ausencias de auroras llenas de sorpresa por lo que el tiempo de promesas arrastran hasta que se cumplen y nada más las llena.
Recuerdo ver a las personas caminar sin rumbo como si estuviesen pérdidas en un entorno donde solo ellas comprenden que es lo que ven. Recientemente vuelvo a ver esas personas sin rumbo y sin saber de donde están pero realmente me he puesto a pensar que quizá nadie tenga un rumbo con sentido y una ubicación total sobre el basto universo.

En un lejano pueblo un anciano se sentaba todas las tardes de los miércoles a recordar la vida a la que ya no pertenecía, a ese cerro incansable que se veía más joven que hacía unos años atrás donde el celeste cielo le rozaba la cara sin ningún aire moderno del cual está perdido. Un pequeño llego un día y se quedó viendo hacia el mismo rumbo donde el anciano observaba con la misma concentración indiferente de un pequeño de diez años. El anciano se percató después de que el niño estaba compartiendo el paisaje con el mas sin embargo no le comprendía con precisión por qué lo hacía por lo cual se puso de pie para regresar a su casa mientras el niño seguía ahí.
Al día siguiente el anciano regreso al mismo lugar donde contemplaba el ambiente antaño que le hacía recordar el olor de cientos de otoños y primaveras que habían corrido con los años cuando entonces la voz del niño rompió el silencio de la callecita detrás del edificio grisáceo donde las casas antiguas no eran más que el recuerdo de aquella época donde aquel anciano fue feliz alguna vez. “Sabe, por más que observo y observo no encuentro lo que usted ve” –dijo el niño con cierta tristeza, “Son cosas de viejos solamente” –replico el anciano en tono de burla. Ambos observaron tiernamente las nubes que pasaban “ese cerro me trae tantos recuerdos, junto con este parque que en algún tiempo no tenía rio y las personas le conocían poco” –dijo el anciano con una voz quebrada y confundida, “¿por eso mira el cerro?, ¿porque le trae todos los recuerdos de todo lo que hiso?” –dijo el niño con ese tono de curiosidad de todo mocoso que aunque es joven te embisten con esas preguntas que te enfrentan a lo desconocido, “Si, es verdad me trae esas cosas que nunca hice y que ahora es tan tarde, mírame sentado mirando un cerro” –el anciano con la misma seriedad de décadas acumuladas exclamo las palabras precisas mientras observo como el pequeño se quedó observándolo “¿qué pasa?” –pregunto el anciano, “¿Si las hubiese hecho todo aquello que quiso y no lo hizo… cree que estaría sentado aquí platicando conmigo de lo que el cerro le recuerda? –el niño con esa sonrisa incesable pregunto mientras el anciano sonrió y guardo ese silencio consigo mismo donde uno cambia la pregunta de ¿Qué pasaría si…? Por la de “¿Que paso?”.



Música de fondo: Johnny Cash - Hurt

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